Hace mucho tiempo hubo una carrera de ranas. Tenían que
llegar a lo alto de una torre. Muchas fueron a verlas correr. La
carrera comenzó....
El público no creía en realidad que las ranas pudieran llegar a lo alto de la
torre. Se burlaban y decían: "¡Nunca lo conseguirán! ¡Son muy torpes!"
Las ranas empezaron a resignarse, salvo una ranita que seguía subiendo y
subiendo.
Y el público gritaba: "¡Es imposible! ¡No lo
conseguirá! ¡Es muy pequeña!"
Las ranas admitieron su derrota. Salvo una, que seguía en la brecha salta que
te salta y con un enorme esfuerzo llegó a lo alto de la torre.
Las demás ranas no salían de su asombro y querían saber cómo lo había conseguido. La más atrevida se acercó para preguntar cómo había logrado terminar la
carrera.
La ranita contestó "¿Qué? ¿Cómo dices?"
¡Era sorda! Y cuando todas las demás ranas escucharon lo que el público decía, se lo creyeron y dejaron de luchar por alcanzar la meta. En cambio, la pequeña ranita al no poder escuchar lo que decían los demás, pensó que la estaban animando y eso le dio aún más fuerzas.
Este pequeño cuento de origen hindú, nos invita a reflexionar en el poder que tienen las palabras y cómo pueden influir en el ánimo de quien las escucha. Como decía Carlos Siller: "La palabra
tiene mucho de aritmética: divide cuando se utiliza como navaja, para lesionar;
resta cuando se usa con ligereza para censurar; suma cuando se emplea para
dialogar, y multiplica cuando se da con generosidad para servir."
Imagen vía: http://www.juegoswapos.es/juegos-de-carrera-de-ranas.htm
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