Con esta actividad exploramos e identificamos las propiedades de los objetos, introduciendo los términos suave y áspero.
Materiales: Objetos con texturas ásperas y suaves. Para facilitar el trabajo, yo he preparado unas tarjetas (ver en la imagen) en las que he pegado retales de telas suaves (raso, terciopelo, lana) y otras tarjetas con recortes de lija de diferente granulación (gruesa, media y fina) para trabajar la textura áspera.
Realización: Siguiendo el método de
los tres pasos presentamos las tarjetas con las que vamos a trabajar.
En un primer momento, usaremos sólo dos objetos con texturas bien diferenciadas, por ejemplo la tarjeta de terciopelo y la de lija de grano grueso.
Tocamos con la yema de los dedos la tarjeta elegida y decimos: “Es suave”
Posteriormente le ofrecemos a nuestro hijo que lo haga él mismo. Cuándo lo haga diremos “¡Qué suave es!”
Repetiremos estos pasos presentando la tarjeta áspera.
Después avanzamos un paso más preguntando: ¿Qué es suave? ¿Y áspero?
Y por último, para estimularle a que utilice el vocabulario adquirido, preguntamos: ¿Cómo es esto? (señalando la tarjeta a la que nos referimos).
Cuando hayamos completado todos los pasos con éxito, y veamos que nuestro hijo se siente cómodo con esta actividad podemos introducir más tarjetas. De ésta forma podemos invitarle a que clasifique de más a menos suave o áspero.
Actividades complementarias:
- La bolsa misteriosa: En un saquito opaco con cordel meteremos diferentes objetos, unos suaves (algodón, un peluche, lana de angora, un retal de raso y/o terciopelo) y otros ásperos (lija, piedra pómez, cartón ondulado). Tu hijo meterá la mano para coger un objeto y, antes de sacarlo, deberá decir si es suave o áspero. Cuando lo saque comprobaremos si la respuesta es acertada.
- Aprovecha cualquier ocasión que se presente para descubrir la textura de diferentes superficies: ¿Cómo será el musgo suave o áspero? ¿Y la corteza de un árbol?